La importancia de la gestión de residuos en un taller automotriz

La cantidad y variedad de residuos que se generan en un taller automotriz hace que su tratamiento y gestión requiera algunos protocolos de actuación para el almacenaje, etiquetado y destrucción, ya que muchos de ellos son dañinos para el medio ambiente.

Si tenemos en cuenta la cantidad de vehículos que circulan por las ciudades y que requieren reparaciones mecánicas como cambios de aceite, de batería, de refrigerantes y de neumáticos, podemos hacernos una idea de la magnitud del problema, por eso tener una buena gestión de residuos en el taller debe ser una prioridad.

 

Tipos de residuos generados en un taller automotriz

Además de los sólidos comunes como cartón, plásticos o basura común no peligrosos, en los talleres se generan varios tipos de residuos que requieren un tratamiento específico y un control más cuidadoso por parte del taller.

 

Baterías y acumuladores. Considerados como residuos peligrosos, porque la mayoría de las baterías usadas en los carros contienen plomo.

Sin embargo, actualmente hay empresas que se dedican a la recolección de baterías usadas y se encargan de recibirlas, almacenarlas y procesarlas de forma adecuada, ya que se pueden reciclar el 100% de los materiales, tanto los plásticos como los electrolitos líquidos y el plomo, que se extrae y se aprovecha como acumulador de energía.

 

Aceites y líquidos. Lubricantes de motor, aceites hidráulicos, refrigerantes y otros líquidos procedentes de la reparación o sustitución y que son considerados residuos peligrosos.

Las diferentes Secretarías de Ambiente de diferentes ciudades colombianas cuentan con un manual de normas y procedimientos para la gestión de aceites y las obligaciones que deben cumplir los talleres mecánicos.

Deben estar inscritos como acopiadores primarios y solicitar la recolección y movilización del aceite, que tiene que estar almacenado en una caneca de plástico o metálica. Además están obligados a capacitar a los empleados y realizar simulacros para la atención de emergencias, entre otras medidas.

 

Chatarra. Todas las piezas metálicas que quedan después de la sustitución de piezas y son considerados como residuos urbanos voluminosos.

Para los residuos de piezas metales ferrosos y no ferrosos, también existen empresas que se encargan de su compra, recolección, acopio y reutilización de materiales, de manera que su gestión se facilita con una buena política de convenios para el tratamiento de la chatarra.

 

Neumáticos. Procedentes del cambio de llantas periódico y necesario, los neumáticos no son residuos peligrosos pero si son de difícil descomposición, ya que pueden tardar cientos de años.

Este es uno de los residuos más complicados, no por su peligrosidad sino por su volumen. Sin embargo, desde hace algunos años la ANDI (Asociación Nacional de Industriales) decidió encargarse de la recolección y procesamiento de neumáticos, un producto que puede ser reprocesado totalmente para obtener nuevas materias primas que pueden ser utilizadas en diferentes sectores.

 

Emisiones. Procedentes de la quema de carburantes de los motores de combustión interna, peligrosos para el medio ambiente y para la salud de los trabajadores del taller.

Para minimizar las emisiones, un taller mecánico debe contar al menos con enrolladores para la extracción de humos, desde unos sencillos semiautomáticos portátiles hasta sistemas de aspiración aérea con canales de extrusión y carros porta manguera, dependiendo del tamaño del taller y la clase de trabajos que realice.

También es recomendado el uso de cabinas de pintura, debido al overspray generado por la pintura que no queda adherida al vehículo y genera partículas en suspensión que pueden ser combustibles y contaminantes.

 

Vertidos. Del agua con el que se limpian las instalaciones, con importante presencia de detergentes no biodegradables, espumas, aceites y otros fluidos de motor usados.

En este caso es importante recoger todos los derrames con disolventes y combustibles, además de instalar un sistema de retención del agua generada que permita separa los aceites antes de verterlos al alcantarillado.

Además incorporar bandejas de contención a los equipos para evitar fugas y no limpiar las herramientas o equipos en zonas que viertan directamente a la red de aguas residuales sin haber pasado por una depuración.

Mantener el taller limpio, evitar los vertidos, tener sistemas de extracción de aire y estandarizar los procesos de aseo óptimos para cada etapa de las reparaciones garantizará una perfecta gestión de residuos contaminantes, importantes para proteger el medio ambiente y la salud de los trabajadores.

 

Por. Adriana Gutiérrez

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